Costa Rica ahora funciona como una anarquía hiperdemocrática, donde cualquier bombeta tiene poder de veto; nos agotamos como hámsters que corren en círculo sin ir a ningún lado. Sin teorías, sólo viendo resultados prácticos, surgen dudas: ¿Cómo se gobierna mi país? ¿Quién manda más? ¿Sólo por tener votaciones libres somos una democracia? ¿Son las elecciones nuestro asunto más importante?
1. No funcionamos como democracia.
El gobierno del pueblo por mayoría y la división de poderes no se
practica:
A) El congresista no trabaja
para el ciudadano. La votación por listas cerradas hace diputados serviles
a su caudillo, sean arayistas/aristas, calderonistas/reformistas
u ottonistas/chavistas.
B) La minoría
manda. Dos diputados deciden que un barco gringo no puede anclar en puerto
para bajar droga decomisada, o un solo diputado con miles de mociones bloquea
una ley que la mayoría apoya. Los otros 55 o 56 no mandan.
C) Los roles no se cumplen. El Ejecutivo tarda 40 años en construir
una calle que se derrumba; el Legislativo dura 2 años en aprobar una ley, que a
veces ocupa repetir 3 veces; y el Judicial tarda 10 años en juicios donde la
impunidad o prescripción alcanza 95,1%.
D)
Urnas transparentes pero vacías. Nuestro cuarto poder, el TSE, cuenta con
montañas de dinero para campañas, y hay votaciones libres ejemplares al
mundo…pero la gente no quiere votar, y el partido más grande es NINGUNO.
E) Ciudadanos con poder de veto.
Cualquier ciudadano, sin cargo de elección popular, puede poner un salacuartazo que frene cualquier poder,
autónoma, municipalidad, vecino o empresa que le plazca, de gratis. Ni el
presidente debería tener este veto todopoderoso y omnipresente.
2. Sí somos anarquía. Tenemos tantos pesos y contrapesos en el
sistema, que no hay motor ni brújula.
En lo formal la Sala Cuarta obliga a un
presidente a vetar la ley que él mismo presentó y el congreso aprobó; pero en
Crucitas un tribunal contencioso administrativo pesa más que la Sala Cuarta; AyA
no puede decidir sobre el acueducto de Sardinal y el Procurador de la Ética hace
votos de censura que nadie acata. En lo informal la violencia callejera sí
funciona: los motociclistas lograron sus demandas rompiendo vidrios y sembrandoel caos; el exitoso método es útil para buses
y taxistas. ¿Nos arreglamos a piedras y palos, como en las cavernas? ¿Quién
tiene poder de decisión finalmente?
En la práctica es evidente que la
ingobernabilidad sí existe. La explican dos jóvenes politólogos, Calvo y Rojas,
como recesión democrática; cuando el modelo se
estanca, prefiero una dictadura con tal de que resuelva los temas
cotidianos. El riesgo del mesías dictatorial
es que resulta más probable un Hugo Chávez que un José Figueres. Otro riesgo es
que una organización eficiente, ultra ejecutiva como el narco asuma el control
de un territorio (Ya Limón se acerca demasiado a Ciudad Juárez)
Si el consenso fuera posible no
sería necesaria la democracia; esperar un voto unánime es igual que parálisis.
Alguien debe tomar decisiones, según la mayoría, compensando daños a la
minoría, pero avanzando hacia algún lado. El ser humano es práctico, va a
preferir caminar a ciegas que quedar paralítico. Para no apostar todo a un
dictador, estamos obligados a convertir a Costa Rica, de nuevo, en una democracia funcional.
Ing. César Monge Conejo. cesarmonge@yahoo.com 5 de febrero 2012.
